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España rompe el muro del 10% de paro: 18 años de espera para un "milagro" bajo sospecha

Jesús Ángel Molinuevo Tobalina

Jesús Ángel Molinuevo Tobalina

Mientras el tablero geopolítico internacional se sacude bajo las amenazas arancelarias de la administración Trump y la insólita crisis diplomática por Groenlandia, el mercado laboral español ha logrado lo que hace una década parecía una utopía: derribar una frontera psicológica inexpugnable desde el estallido de la crisis financiera de 2008. España ha entrado en 2026 con la tasa de desempleo por debajo del doble dígito, un alivio histórico que, sin embargo, esconde grietas estructurales que el analista atento no puede ignorar.

Esta resiliencia, documentada por el INE, Bankinter y Funcas, sitúa a la economía española en un escenario de normalización inédito. Sin embargo, no se trata solo de celebrar el 9,93%; se trata de entender si este modelo de crecimiento, que avanza a contracorriente de una Eurozona estancada, tiene los cimientos necesarios para soportar el vendaval que se avecina.

La frontera psicológica del 10% y el «suelo» de 2017

El cierre de 2025 ha dejado una cifra para la historia económica del país: la tasa de paro se situó en el 9,93%, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Es la primera vez en casi dos décadas que el país baja de la cota del 10%, superando las previsiones de consenso que situaban este hito más lejos en el tiempo.

«La Tasa de Paro cierra el año 2025 en 9,93%, mejor de lo esperado y por debajo del 10% por primera vez desde 2008», destaca el departamento de Análisis de Bankinter.

Para poner este dato en perspectiva, debemos mirar hacia atrás: aunque la caída es celebrada, aún estamos lejos del mínimo histórico del 7,93% alcanzado en junio de 2017. Además, la «euforia» del 9,93% debe matizarse con la realidad inmediata: enero de 2026 ya ha registrado un repunte estacional de 30.392 parados, recordándonos que la precariedad y la temporalidad siguen siendo las sombras que persiguen a cada estadística positiva.

El «pulmón» de los 22,5 millones de ocupados

Si la economía española respira, es gracias a un volumen de empleo sin precedentes. España finalizó 2025 con un récord de 22,5 millones de ocupados, tras crear 605.400 puestos de trabajo en doce meses. Este es el verdadero pulmón que oxigena el consumo privado y mantiene el PIB a flote.

El dinamismo no solo ha venido del sector servicios (que redujo el paro en 65.400 personas en el último trimestre), sino también de una sorprendente resiliencia en la agricultura, donde el desempleo cayó en 12.500 personas. Esta robustez del mercado laboral es lo que permite a Bankinter y Funcas anticipar un consumo privado sólido para 2026, actuando como un escudo frente a la moderación económica global.

La paradoja de la productividad: producir menos a mayor coste

Pero todo éxito tiene su «cara B». Como analistas, debemos observar con preocupación la divergencia entre el volumen de empleo y la eficiencia del mismo. Mientras sumamos trabajadores, la productividad por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo cayó un 0,5% al cierre de 2025.

Esta caída se cruza con un aumento peligroso de los Costes Laborales Unitarios (CLU), que según Bankinter escalaron un 4,0% (Funcas sitúa el avance en el 2,4% para 2026). Para el lector no experto, el CLU es, sencillamente, lo que le cuesta a una empresa producir una sola unidad de producto o servicio en términos de salarios. Si producir nos cuesta más pero cada trabajador es menos eficiente, España corre el riesgo de perder la ventaja competitiva que le ha permitido liderar el crecimiento europeo. Producir menos a mayor coste es la receta perfecta para el estancamiento a largo plazo.

Resiliencia frente a las asimetrías de poder globales

El contexto internacional descrito por Funcas es de una «incertidumbre extrema». Europa se enfrenta a un sistema dominado por asimetrías de poder donde la UE aún no ha encontrado una estrategia para contrarrestar los vaivenes arancelarios de EE. UU. ni el impacto de la crisis de Groenlandia. El informe Draghi ya avisó: la falta de competitividad europea es una amenaza existencial.

En este caos, España emerge como una anomalía positiva. Mientras la Eurozona se arrastra con un crecimiento previsto del 1,3% para 2026, Funcas ha revisado al alza el PIB español hasta el 2,2%. España mantiene el tipo, apoyada en una demanda interna que parece ignorar, por ahora, las amenazas de una burbuja tecnológica o el retroceso del multilateralismo.

Legalizar la dignidad: el nuevo escudo social

Más allá de los grandes números, 2025 ha sido el año de la «legalización de la dignidad» para colectivos históricamente maltratados. Gracias a reformas como el RDL 2/2024, el mercado laboral español no solo ha crecido en cantidad, sino en protección:

  • Empleadas de hogar: Se ha corregido una discriminación secular al garantizarles el acceso pleno a prestaciones por desempleo.
  • Autónomos: La obligatoriedad de cotización por cese de actividad busca sacar a este colectivo de la vulnerabilidad, equiparando su «paracaídas» social al de los asalariados.

Este cambio de paradigma transforma empleos que antes formaban parte de la economía sumergida en puestos de trabajo con seguridad jurídica y protección.

El muro invisible: la cronicidad del paro femenino

Pese a la satisfacción del 9,93%, el éxito es selectivo. Al asomarnos a la realidad estructural que describe el informe de CCOO, nos topamos con un muro difícil de escalar: el paro de larga duración.

  • Cronicidad extrema: El 38% de los parados lleva más de un año buscando empleo.
  • El drama de la brecha de género: El 26% de las mujeres inscritas en los servicios públicos de empleo llevan más de 4 años en paro, una cifra que supera con creces el 21% de los hombres y que demuestra que el sistema falla sistemáticamente a las mujeres de más edad.
  • Juventud sin opciones: La tasa de paro entre los menores de 20 años sigue siendo un drama nacional, situada en el 40,2%.

Reflexión final

España entra en 2026 con una economía que ha aprendido a crear empleo en condiciones adversas, logrando una normalización que ha tardado 18 años en llegar. Sin embargo, no podemos caer en la complacencia. El modelo actual, intensivo en servicios y castigado por una productividad decreciente, se enfrenta a un examen de estrés global.

Ante la posibilidad de un estallido en la burbuja tecnológica internacional o un endurecimiento de la guerra comercial liderada por Washington, cabe preguntarse: ¿es sostenible este crecimiento si no logramos romper el muro del paro crónico y mejorar la eficiencia de nuestras empresas, o estamos simplemente disfrutando de la calma antes de que la caída de la productividad nos pase factura?

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