El 22 de agosto, el mismo día en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba oficialmente el estado de hambruna en la Franja de Gaza, la Agencia de Publicidad del Gobierno de Israel lanzaba en YouTube una campaña de anuncios pagados que negaba la crisis alimentaria.
Una investigación del consorcio de canales públicos Eurovision News Spotlight ha documentado que Israel ha invertido al menos 42 millones de euros desde mediados de junio de 2025 en publicidad en las plataformas X y YouTube. La cifra equivale a más de 10 millones de euros mensuales destinados a reforzar su discurso oficial en redes sociales.
Durante varios días, dos vídeos difundidos en el canal del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí mostraron a millones de internautas imágenes descontextualizadas de restaurantes y mercados gazatíes con abundante comida. Las piezas finalizaban con una voz en off generada por inteligencia artificial que concluía: «Hay comida en Gaza. Cualquier otra afirmación es mentira». Los vídeos cuentan con más de 18 millones de visualizaciones.
El gobierno israelí lleva años desplegando una estrategia propagandística sostenida tanto en medios tradicionales como digitales; es la llamada doctrina de la Hasbará, término hebreo que significa literalmente «explicar», y que busca moldear la opinión pública internacional favorable a su narrativa.
El poderoso aparato propagandístico israelí ha puesto ahora el foco en la Global Sumud Flotilla, que navega hacia Gaza con el objetivo de romper el bloqueo sobre la Franja. Desde la noche del sábado 20 de septiembre, Google muestra, mediante anuncios segmentados, una página oficial creada por el Ejecutivo israelí como primer resultado de búsqueda a varios millones de personas que quieren informarse sobre la flotilla. La web presenta a la iniciativa humanitaria como una herramienta de «Hamás y de los Hermanos Musulmanes».
La publicidad pagada en buscadores como Google multiplica el alcance de la propaganda al colarse en el lugar más visible de la red. Al aparecer en la primera posición de las búsquedas, estos anuncios otorgan a la versión oficial israelí un barniz de legitimidad, desplazan otras informaciones críticas y garantizan la llegada a un público más amplio y diverso que el de sus canales propios. Todo ello refuerza un marco narrativo favorable a Israel en un momento en el que Naciones Unidas ha calificado de «genocidio» la situación que sufre la población palestina en Gaza.
«Es una iniciativa yihadista al servicio de la agenda del grupo terrorista», aseguró el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí en una publicación en la red social X. En el Adara, la vieja goleta turca desde la que se escribe esta bitácora, el comentario israelí generaba la sonrisa de varios participantes. De los 22 tripulantes de esta embarcación solo dos profesan el islam.
Saddaqat Khan, hijo de migrantes pakistaníes asentados en Glasgow, nacido en Escocia hace 48 años, ironiza sobre la acusación: «La mayoría de gente en este barco no practica el islam, pero al parecer estamos vinculados a grupos islamistas radicales».
Durante décadas trabajó en la banca internacional con firmas como Santander, HSBC y Barclays, hasta que en diciembre de 2024 dijo «basta» y se negó a seguir siendo «cómplice de este sistema». Ahora, es el responsable Sight Relief, una ONG que presta servicios oftalmológicos en comunidades rurales de países en desarrollo.
Khan considera que el intento de vincular a la flotilla con el integrismo religioso forma parte de una estrategia de criminalización: «El islam es el chivo expiatorio. Todos los Estados buscan un elemento que genere temor para controlar a su población. Tras el comunismo, el islam ha sido utilizado históricamente para justificar represión y limitar libertades individuales».
«Somos una misión no violenta y actuamos así por nuestra propia seguridad. Israel busca cualquier pretexto para atacar con la máxima violencia posible a la flotilla. Nuestro objetivo primario es abrir un corredor humanitario, pero también abrir los ojos del mundo: vamos como civiles desarmados. Esta es la mejor forma de desmontar la propaganda israelí. Nos ponemos en riesgo para que el mundo vea lo que ocurre», afirma.
En la misma línea se expresa Arlin Medrano, comunicadora mexicana de 25 años vinculada a medios públicos: «Esto va más allá de la simple publicidad pagada por Israel. Buscan deshumanizarnos, como han hecho con Palestina, o como otros gobiernos de extrema derecha hacen con los migrantes. Al etiquetar a la flotilla como terrorista, pretenden cortar de raíz cualquier simpatía social o política».
Para esta comunicadora, con esta campaña de propaganda «están preparando el terreno para lo que pueda venir y poder justificar y quitar peso al ataque contra nuestra misión humanitaria. Quieren desenraizarnos y transmitir que no somos ciudadanos corrientes, tangibles para la gente que nos está viendo».
«Lo que buscan es desviar la atención de lo que ocurre en Palestina. Es más fácil criminalizar a la flotilla y así se deja de hablar de Gaza», espeta la joven mexicana. «Mientras discuten si somos de Hamás o no, se deja de hablar del genocidio».
«De todas formas», insiste, «la gente que está en tierra puede hacer más cosas. Tenemos que señalar a estas grandes compañías tecnológicas como Google que se vuelven cómplices del genocidio al amplificar el discurso de Israel».
Publicado en: Público








