Ernesto Ekaizer
El entonces comisario Enrique García Castaño, jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), el experto en seguimientos, intervenciones telefónicas y acciones de “oportunidad e inmediatez”, entró, sin orden judicial, en el taller de la esposa de Luis Bárcenas para buscar pruebas comprometedoras en poder del extesorero ingresado en prisión. Más tarde, Enrique Olivares, disfrazado de falso cura entró en el domicilio familiar del barrio de Salamanca, les ató las manos a Rosalía Iglesias, mujer de Bárcenas, a la empleada del hogar y a su hijo Guillermo, amenazándoles con un revólver antiguo cargado con cinco cartuchos para que entregaran “los pendrives y el material para derrocar a Rajoy os mato a los tres”.
Vuelta a la escena de uno de los crímenes. Es el 19 de abril de 2016. Estamos en el número 32 de la calle del General Díaz Porlier.
Hace algunos meses que ya ha salido la obra de teatro y la película sobre el diálogo entre Luis Bárcenas y el juez Pablo Ruz, basado en la transcripción del interrogatorio realizado el 15 de julio de 2013, dieciocho días después de que el magistrado ordenara su ingreso en prisión.
-¿Has visto por fin B, la peli?
-No la he visto. Pero sé que ya está en Imagenio. Ahorro 4,90 euros y la veo.
-En Filmin te sale por 2,95
-Tomo nota. Gracias.
Pero, pese a ello, ahora, en abril de 2016, le he sugerido a Bárcenas reunirse conmigo y los actores Pedro Casablanc (interpreta a B), Manolo Solo (es el juez Ruz) y el director de la película, David Ilundain, La película coincide con la salida de mi libro Queríamos tanto a Luis mi mi segundo libro sobre el caso de corrupción del PP. Y, por tanto, hemos hecho coloquios y presentaciones con Ilundain y los actores.
Le sugiero a Bárcenas el encuentro el martes 19 de abril de 2016.
-Perfecto. Te parece las 19:30, ¿pendientes de confirmar sitio?
-¿No podríamos hacerlo en el estudio de Rosalía?
-Sí, perfecto.
-La dirección ¿es?
-Díaz Porlier, 32
El 19 de abril en la puerta del número 32 le llamo por teléfono desde la puerta. Y abre.
No lo sabemos entonces, pero en efecto, esta es una de las escenas del crimen de la operación Kitchen. Aquí, el comisario Enrique García Castaño, según ha explicado en la comisión de investigación del Congreso de los Diputados, el 22 de abril de 2021, y ante la sorpresa de los diputados por el allanamiento del taller sin orden judicial alguna, el comisario hace pedagogía:
-No hay papel alguno, nada, en el Ministerio de Interior que ponga operación Kitchen. A mi me llama el director adjunto Operativo [Eugenio]Pino y es el que me dice que necesita mi ayuda para culminar la investigación del señor Bárcenas, que le faltaba una pata. Ese tipo de operaciones es normal, no hace falta orden judicial. Le informo por supuesto al señor Pino y al señor Francisco Fernández. Se llama oportunidad e inmediatez, que no se puede perder. Es como se trabaja en la Policía. El señor Villarejo, desde siempre, ha tenido acceso a poder mandar mensajes al señor presidente del Gobierno…La información venía de arriba abajo…
Díaz Porlier, 32, Madrid.
Durante tres horas departimos con Bárcenas, trajeado como de costumbre, y Rosalía Iglesias, quien por momentos monopoliza el intercambio. Pedro Casablanc está fascinado por medirse con la persona a la que ha interpretado. Bárcenas rehúye hablar de las presuntas grabaciones que, según había dicho públicamente, le realizó a Rajoy, o de los papeles que Rajoy hizo destruir en una maquina trituradora, en su despacho.
El taller era utilizado por Rosalía Iglesias, según su versión, para restaurar muebles. Lo que tengo delante de mí es un trastero revuelto que no supera los 10 metros cuadrados, con el que linda, aparentemente, otra habitación. Lo que rompe el desorden es una mesa camilla en el centro, unas copas y la botella de vino del que nos sirve Luis Bárcenas.
Si aquí se escondieron aquellos pendrives que buscaba El Gordo, el apodo de García-Castaño dentro de la banda de Kitchen, es un misterio que compartió con Eugenio Pino, ya que ni siquiera quiso darle detalles al comisario Villarejo.
Pero cabe deducir que o no sacó nada de este trastero-taller, o no fue valorado como suficiente. Porque el 23 de octubre de 2013, Enrique Olivares se disfraza de falso cura y entra con un maletín en el domicilio de la familia Bárcenas en el madrileño barrio de Salamanca. El encargado de custodiar el piso, curiosamente, está librando. Se trata del chófer de Bárcenas.
Sergio Ríos, el topo que la trama contrata, a sugerencia del comisario Andrés Gómez Gordo, que reporta directamente a María Dolores de Cospedal.
Enrique Olivares busca acojonar a Rosalía Iglesias para conseguir los “pendrives”.
Será condenado rápidamente a 22 años de prisión por el show que ha montado.
Pero sus vínculos con la trama Kitchen, o su convergencia con ella o último recurso, serán difuminados, gracias, sobre todo, al juez Manuel García-Castellón.
El fiscal Miguel Serrano tiene una participación predominante en la comisión judicial que visita a Olivares en la cárcel de Aranjuez, el 29 de enero de 2020 a las cuatro de la tarde.
Mientras la forense Carmen Baena, a la que por turno corresponde la diligencias, se entrevista con Olivares, custodiado por personal de la prisión, Miguel Serrano, que tenía experiencia en instituciones penitenciarias, habla con un interno sudamericano que convive en la prisión con OIivares. Serrano llega a saber que cuando Olivares y su compañero de celda ven a Villarejo aparecer en la televisión, el falso cura se excita, y, según el interno, parecía conocer al comisario.
Pero, sobre todo, será el cover up o encubrimiento que se monta para frustrar la investigación sobre el alcance de la operación Olivares, una operación por otro medio, dentro o convergente con la operación Kitchen, a la desesperada lo que revelará que detrás del grotesco intento de amedrentar a los Bárcenas está la mano política, policial o de inteligencia.
Serrano, nada más salir de Aranjuez, le indica desde su coche, por teléfono, al juez García-Castellón: aquí hay indicios. Incluso le envia un pantallazo de un documento.
Carmen Baena, la médico forense de la Audiencia Nacional, se reúne con Olivares, quien nada más verla y ser presentada, hace una simulación burda y teatraliza una espectacular caída al suelo. La forense le observa, le ayudan a recobrarse, y consigue mantener un diálogo con él al hablar sobre su hijo y lo mucho que le preocupa.
Pero el juez García-Castellón no quiere indagar. O tiene razones para no hacerlo.
Orillará el juez a la forense de guardia a la que le correspondía el caso y al informe que ella presenta, le sugerirá que se tome un descanso a raíz de una operación, y nombrará -cosa que no estaba autorizado a hacer- a otro forense, José María Álvarez Leboreiro.
Olivares, citado por el juez, llega en silla de ruedas a la Audiencia Nacional el 16 de octubre de 2020 y se somete a una breve entrevista con Álvarez Leboreiro en los calabozos.
El imputado no dirá palabra-dominando el arte de la simulación que la forense Baena había advertido en su entrevista con el recluso en Aranjuez-, y Álvarez Leboreiro le dará al juez el dictamen que éste quiere: “No reúne las condiciones psíquicas y físicas en el momento actual que permitan prestar declaración siendo las posibilidades de recuperación casi nulas”.
Olivares fallecerá el 16 de enero de 2022.
Información publicada en El Periódico

